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12 de julio de 2007

100+1=Aniversario

Es tarde, muy tarde, concretamente doce días tarde, pero no ha podido ser antes. El pasado 30 de junio de 2.007 esta humilde bitácora cumplía un añito, con la particularidad de que la entrada del aniversario, esta entrada, es la número cien de este blog.

Cien entradas no son muchas, la verdad, sale una paupérrima media de 0,2739726027397260273972602739726 post/día o a una entrada cada 3,65 días, pero con el consuelo de haber puesto mucha ilusión y todo el tiempo del que disponía para algo que para mí es un bonito hobby, escribir.

Que alguien te lea habitualmente es un el honor que conlleva obligaciones. Acarrea asumir el compromiso moral de publicar regularmente. Pero he de confesar que desde el principio he sido consecuente y consciente con el hecho de que lo que se hace por obligación deja de ser divertido y aquí no estamos ni para vender tecnología ni para competir en listas, solo puro entretenimiento.

Asimismo tengo de reconocer también que en ocasiones al publicar una entrada he creído que era la última y esto se acababa, pero afortunadamente siempre hubo algo que contar y el único y verdadero premio, alguien al que le interesó lo que se contaba, el combustible para seguir escribiendo.

Gracias a todas las visitas y lectores que han pasado por aquí este último año con el propósito de no abandonar y estar por aquí muchos años más.

28 de junio de 2007

Centrocampista de corte defensivo

La gente se le quedaba mirando pero ninguno de los transeúntes que por allí circulaban se dignaba ni tan siquiera a preguntar si aquel hombre tumbado en la calle vestido de futbolista en realidad estaba enfermo o se encontraba mal. Y allí se hallaba, acostado en el suelo con los brazos cruzados, podría jurar que roncaba ligeramente. Alguno que otro se detenía al pasar a su lado y se les apreciaba cierta inquietud por su estado de salud, otros simplemente se reían al pasar, yo casi tropiezo con él.

- ¿Está usted bien?-pregunté por cortesía para sorpresa de los demás peatones-
- ¡Déjeme en paz! ¿Acaso no ve que me estoy concentrando para el partido? –contestó enojado mientras continuaba tirado en la acera-
- ¿Qué partido?-no puedo evitarlo, y sí, ya sé que la curiosidad mató al gato, pero también le enseñó un par de cosillas-
- ¡Brrrrrr!-me miró con desprecio-, pues el partido que está a punto de comenzar.

Miré a mí alrededor y no aprecié ambiente futbolero, la verdad.

- Mire usted señor entrometido, el partido va empezar en cinco minutos y cuando suene el silbato por aquí no va a pasar ni Dios –dijo con media sonrisa y mirada aviesa-
- ¿Es usted defensa central quizás?-pregunté, ya puestos-
- Pues no caballerete, soy centrocampista de corte defensivo…un destructor del juego contrario –esto último me lo dijo susurrando-
- Pues nada, suerte, y…que ganen –hay que se amables-
- ¡Váyase usted a la mierda!-me dio un corte que te cagas y nunca mejor dicho por la condición de su despedida. Me marche dejándolo allí-

Al principio no reparé en una circunstancia; aquél centrocampista defensivo se concentraba justo en la puerta de una entidad bancaria. Pensé que el buen señor se iba a dedicar a darle patadas a todo aquel que intentara entrar en el banco cuando comenzara “su” partido de futbol. Decidí dar la vuelta sin saber que iba a hacer si se hacía realidad aquella sospecha.

Por lo general somos bastante miedosos, para una circunstancia que presumiblemente se nos pueda ir de las manos o tenga visos de ser peligrosa acudimos a otros, en este caso a la policía. Los del banco habían llamado.
Al llegar al lugar el presunto futbolista se había levantado del suelo y un policía le pedía explicaciones, callado y con la cabeza baja lo escuchaba casi como si el agente fuese el entrenador. De repente el futbolista dio un brusco salto hacía atrás, con una especie de baile tribal y gesto amenazante comenzó a proferir/cantar una coplilla:

Kapa o Pango kia whakawhenua au i ahau!
Hī aue, hī!

Ko Aotearoa e ngunguru nei!

Au, au, aue hā!

Ko Kapa o Pango e ngunguru nei!

Au, au, aue hā!

I āhahā!

Ka tū te ihiihi

Ka tū te wanawana

Ki runga ki te rangi e tū iho nei, tū iho nei, hī!

Ponga rā!

Kapa o Pango, aue hī!

Ponga rā!

Kapa o Pango, aue hī, hā!


- Pero tío…¿Qué estás haciendo?-preguntó el sorprendido policía-
- ¿No lo ves? Esto es el baile de la lucha para la paliza que te voy a dar-contestó el pobre perturbado inconsciente de lo que se le venía encima-

Dadas las circunstancias desconozco si lo hizo bien o mal, pero el policía sacó la porra y empezó a darle con ella en el trasero mientras le decía a aquel desdichado: - ¿Ya no bailas?...si bailas, -y a cada porrazo- ¿lo ves?
La gente empezó a abuchear al policía por lo que creían un castigo excesivo. Le reprochaban que con una simple amenaza hubiese bastado para tranquilizar al loco. En vista de la reacción de aquel público espontáneo el agente dejó de pegarle y conminó al centrocampista de corte defensivo a marcharse. A favor del agente solo puedo decir que en realidad no le estaba golpeando con fuerza, pero la porra siempre “pica” y fue más la indignación por lo humillante de la situación para el perturbado que por la dureza del escarmiento.
El pobre hombre se marchaba calle arriba rascándose la cabeza -en una especie de estado de confusión- tanto como el trasero, mientras, lanzaba quejas alocadas al cielo por su mala suerte.

Paso un buen rato, lo volví a ver. A todo aquel con el que se encontraba le increpaba que lo habían expulsado del partido, que no le había hecho nada “aún” al delantero, que encima el entrenador le había pegado y todo ello por culpa del inocente transeúnte que tenía la mala fortuna de cruzarse con un malencarado y triste centrocampista de corte defensivo al que se le rompió la delgada línea que separa la cordura de la locura.

19 de junio de 2007

Historias del grano de arena. # 13. Aceras quebradas

Todo había cambiado. La ciudad se había transformado despacio, calle a calle, edificio a edificio, vecino a vecino. Al poco tiempo se había olvidado de como era antes. A veces tenemos que esforzarnos en recordar los tiempos en los que los caminos no tenían aceras, cuando apenas circulaban coches en aquellas las calzadas de tierra sin asfaltar mientras los niños jugaban al fútbol en ellas ajenos a un peligro que por aquel entonces era inexistente. Para Don Manuel los recuerdos de otro barrio, de otra gente y a la vez la misma, la memoria de todo lo vivido le hacía sentirse aún más viejo.

Para un pobre anciano era más fácil practicar su paseo matinal en la ciudad moderna, pero a él ya no le agradaba tanto. Aunque no tenía que preocuparse por los agujeros de la acera sin baldosas, para él ahora solo eran los márgenes de un río de vehículos de todo tipo y sus caminatas, la incesante búsqueda del puente que le brindaban los semáforos para así poder cruzar a la otra orilla de aquél torrente desbordado.

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Ni siquiera las personas eran las mismas. El barrio en el que siempre había vivido estaba poblado de caras desconocidas; incluso las conocidas se habían convertido en extrañas a fuerza de no devolver los saludos. Los amigos de siempre, en el barrio de siempre, estaban muertos o ya no podían salir de casa. Don Manuel paseaba solo entre los fantasmas de mirada perdida en aquella ciudad repleta.

Recordaba como si fuera ayer el día que instalaron aquellos bancos de hierro fundido en los que solía disfrutar de un descanso. Recordaba aquellas mañanas de verano en las que los jóvenes se citaban en ellos para divertirse en vacaciones. Los chicos que ahora los ocupan tienen distintos peinados, distinta ropa. Los jóvenes que ahora los ocupan no invitan a Don Manuel a sentarse un rato con ellos y así hacer un respiro en su paseo. No le preguntan por la salud de su esposa sin saber que al poco tiempo moriría. Entonces la medicina no era como la de ahora. Ahora se habría salvado y no habría importado si nadie se interesaba por su enfermedad.

Estos chavales despreocupados por el futuro se jactan de Don Manuel, le gritan: ¡Ahí va el leopardo veloz! En ocasiones alguno se levanta e imita los enmarañados movimientos de Don Manuel para complacencia de sus amigos. Estos jóvenes se ríen de la torpeza y de la lentitud fruto de la edad sin darse cuenta de que ellos algún día también serán viejos. A Don Manuel no le molesta que se rían de él, pero no puede evitar que le embargue una terrible tristeza.

Ahora Don Manuel yace en mitad de la carretera. Su ajado bastón reposa junto al bordillo tan quebrado como sus huesos. El puente no ha aguantado el tiempo suficiente y la corriente se lo ha llevado. Está consciente y permanece inmóvil, boca arriba, tal y como le ha indicado el servicio sanitario, de todos modos sabe que no podría hacerlo aunque quisiera. Atiende con obediencia a todo lo que le señalan mientras el estruendo de las bocinas ahoga el tronar de la sirena de una ambulancia que interrumpe el incesante tráfico. El taxista que lo ha atropellado murmura decenas de maldiciones por su mala suerte y los chicos del banco de acero fundido se mofan del conductor sin ni tan siquiera levantarse de su asiento mientras le señalan que va a pagar por el viejo como si fuera nuevo.

Está asustado, pero tranquilo. Tiene los ojos abiertos, casi no pestañea. Puede escuchar como unos se lamentan por su estado, como otros reprochan en voz alta que se permita que un anciano así camine sin compañía por la calle. En un instante el silencio lo inunda todo y Don Manuel mira el trocito de cielo que se escurre entre los edificios de nueva construcción. De repente se da cuenta de que el cielo sigue siendo tan azul como cuando era pequeño. Repara en la nube que lo atraviesa y recuerda que las nubes de su niñez eran del mismo algodón que brotaba en aquel prado en el que jugaba todas las primaveras y en el que ahora sólo hay para “brindarle nuestro mejor servicio” un gran centro comercial.

Respira placidamente y cierra los ojos. Mientras la camilla lo conduce a la ambulancia Don Manuel se marcha con el recuerdo de su familia, de sus amigos y con el consuelo de que ese cielo azul y sus nubes de algodón no han cambiado, que permanecen inalterables en aquel y suyo viejo barrio, mientras, la gente se dispersa, aquí ya no hay nada que ver en aquellas aceras, que aunque nuevas, poco a poco se van desquebrajando con el paso del tiempo.

12 de junio de 2007

Una isla perdida en la espalda de Jasconius

Los marineros suelen contar de aquel lugar que aparece majestuoso en el horizonte, quieto, plácido, como si siempre hubiese estado ahí. Desde la lejanía se aprecian dos imponentes montañas. Dos torres que custodian la isla y que parecen alertar de la proximidad de los aventureros que pretenden tomar tierra. En esa decisión los marinos comprueban impotentes como la aproximación a ella es estéril; San Borondón se presenta tan inalcanzable como el propio horizonte. De repente desaparece dejando como único rastro de su existencia la certeza de aquellos que hasta ese momento creían poder merecerla antes de que la isla vuelva a tomarse el privilegio de volver a evaporarse.

Encontrar un mundo perdido en un planeta en el que ya no queda casi nada por descubrir, es quizás uno de los misterios clasificados de “ciencias ocultas” con ciertas posibilidades de hacer ese sueño factible. Lejos del estereotipo legendario de territorio inexplorado en el que habitan animales mitológicos o antidiluvianos de grandes dimensiones y extrema ferocidad, en la actualidad se exploran, y encuentran, lugares en la tierra que por su aislamiento se hallan poblados de especies animales y vegetales, hasta ahora desconocidas, de excepcional interés científico y que aportan alguna que otra respuesta en cuestiones de biología evolutiva. Un ejemplo de esto último es el reciente descubrimiento en Nueva Guinea de docenas de nuevas especies o la espectacularidad de la fauna que habita en las profundidades oceánicas de las que, gracias a la tecnología, es posible su estudio actualmente. Asimismo, el deshielo de los polos a causa del cambio climático ha dado pie, tristemente, al hallazgo de nuevas especies en territorios antes cubiertos por una espesa capa de hielo y que hasta la fecha, dicha barrera ocultaba los secretos biológicos de estas latitudes septentrionales. Son hallazgos reales en mundos perdidos, pero muy alejados del habitual tyranosaurio que corre tras los aventureros exploradores de la prolífica ficción literaria y cinematográfica.

Pero existe un lugar que corre de boca en boca entre los marineros de medio mundo y que muchos aseguran haberlo visto. Una isla misteriosa protagonista en leyendas de monstruos marinos y sirenas que se oculta en el enigmático océano: San Borondón.

Situada entre las islas de La Palma, La Gomera y El Hierro en las Islas Canarias, su nombre proviene de San Brandán, patrón de los marineros. Según los datos históricos, este abad irlandés cumplió labores de evangelización en el Atlántico Norte en el siglo IV d.c. alcanzando incluso llegar a Groenlandia en sus viajes misioneros. Pero el mito cuenta que Brandán de Clonfert “el navegante”, emprendió un viaje épico en busca del Paraíso Terrenal. De este viaje, más próximo a las leyendas homéricas que a una travesía real, se afirma que San Brandán incluso llegó a pisar tierra en Terranova, que de ser cierto, lo convertirían en el primer europeo en llegar a America.
Uno de los lugares en los que hizo escala la expedición de Brandán fue la “isla de las ovejas” posteriormente bautizada como San Borondón y que, como cuenta la leyenda, empezó a moverse al hacer los navegantes fuego en su superficie en lo que descubrieron como una ballena gigante llamada Jasconius, el primer animal que pobló el mar y de ahí el mito de su movilidad.

Los supuestos avistamientos de San Borondón consiguieron que la leyenda de su existencia tomara fuerza entre los siglos XVI y XVIII. Muchas fueron las expediciones llevadas a cabo con el afán de encontrar la isla perdida e incluso llegó a aparecer su ubicación cartografiada en algunos mapas de la época. Esta búsqueda fue infructuosa hasta que en 1865 el naturalista escocés Edward Harvey afirma haber descubierto la isla misteriosa. Entre las pruebas de su hallazgo se hallaban varios daguerrotipos (precursor de la fotografía moderna) y dibujos de la excepcional fauna y flora allí observada, que si bien la autenticidad de estas pruebas es dudosa, no dejan de ser bastante curiosas.

Mito o realidad, San Borondón es una de esas leyendas que gracias a la cultura popular ha conseguido llegar hasta nuestros días como uno de esos misterios que, dejando de lado toda esa mitología fantástica que trae consigo, mantiene vivo el anhelo de paraísos inexplorados y conserva la percepción de nuestros antepasados de un mundo infinito del que jamás se podrán conocer todos sus secretos y en el que siempre haya enigmas que resolver.

Imágenes tomadas de la Wikipedia y de San Borondón: La Isla Descubierta (visita recomendada).

7 de junio de 2007

Lenta y cara

En una red de redes que aparenta simbolizar un nexo de unión entre países y culturas, se hace patente que el acceso a este medio tan universal presenta muchos contrastes. Probablemente si un japonés intentara conectarse a Internet en España tardaría poco en darse cuenta que navega con un flotador a precio de yate de lujo.

61 Mbps por segundo de velocidad media a 0,20 euros el megabyte/mes en Japón. Que cosas.

6 de junio de 2007

Músicas heterodoxas: System of a Down

System of a Down es banda tan singular como la procedencia de sus integrantes. Aunque californianos, sus orígenes son armenios. Esta circunstancia unida a la utilización de instrumentos tradicionales de la cultura centroeuropea, lo convierten en un grupo bastante heterodoxo.


System of a Down” fue su primer álbum de estudio. Publicado en 1998 las ventas no fueron acordes con el éxito radiofónico de sus singles, siendo el disco “Toxicity (2001)” el que marcara un punto de inflexión en la carrera de este grupo.

Se caracteriza por poseer un sonido muy potente pero con ciertos toques melódicos, junto con unas letras comprometidas políticamente, tuvieron su continuidad en el siguiente álbum, “Steal this Album (2002)”. Las connotaciones antibelicistas de algunas canciones abocaron en la controvertida decisión de retirar algunos de sus singles de las emisoras de radio comerciales. Se consideraron demasiado “polémicos” en un periodo en el que era el ataque a Irak era tema de debate y el comienzo de la guerra iba a ser inminente.


La consagración como banda la alcanzó con la edición del doble álbum “Mezmerize (2004)” e “Hypnotize (2005)”. Publicados por separado forman un trabajo continuado en el que la madurez de la banda, tanto en la producción como en la composición, se hace patente y que consigue que algunos de sus temas lleguen al un público poco acostumbrado a sonidos potentes.


Clasificados por algunos como un grupo de Nü-Metal, System of a Down se impregna de una identidad propia fuera de toda clasificación.

En la próxima entrega de Músicas heterodoxas: KoЯn.


4 de junio de 2007

Fabricando a Sarkozy

No es extraño que tras la victoria de Nicolás Sarkozy sus admiradores intenten encontrar el camino que llevó al conservador francés a convertirse en presidente de Francia. Y como no iba ser menos, su homónimo español, el señor Mariano, ha enviado a sus secuaces a copiar el programa electoral de don Nicolás a ver si a sí convence a los pobres españolitos, que hastiados políticamente, no saben que es lo tienen que votar en las próximas elecciones generales. A fin de llevar la lección bien aprendida los asesores de Rajoy trabajarán duramente y recopilarán apuntes de los maestros franceses en el arte de la demagogia. Porque ganar unas elecciones sin programa electoral tiene un gran mérito. A todo el mundo no le sale.

En un país como España en el que las grandes preocupaciones de sus ciudadanos son terrorismo, vivienda, seguridad e inmigración, para un Sarkozy cualquiera es relativamente sencillo captar votantes de entre el principal sujeto marginal en lo que a derechos se refiere de Europa. Decir lo que quiere oír al nativo caucásico/a de clase media, entre treinta y sesenta y cinco años, y que además es el que aporta el grueso de los impuestos de éstos países, es la clave de la victoria. Y es que algo tan habitual en estos mundos tan democráticamente occidentales y tan políticamente correctos como es la discriminación positiva acaba por minar la paciencia de la clase mayoritaria, la media, que ven mermados sus derechos y que además les supone un gran coste el hecho de que esto ocurra traspasando con creces lo meramente político y fustigando la dignidad colectiva.

¿Cómo se fabrica un Sarkozy?

La semana pasada fueron abandonados por sus padres en un polígono industrial dos niños de aproximadamente diez meses el menor y unos dieciocho meses el mayor. Tras avisar a la policía, estos se hacen cargo de los niños y tras las primeras investigaciones determinan que los bebes son de padres españoles. Cuando los acompañan a los servicios sociales, éstos últimos le comunican que todos los centros públicos están al completo y que no pueden hacerse cargo de ellos, pero confiesan que el mayor problema es que son españoles. Si los bebes fuesen hijos de inmigrantes, en concreto de origen musulmán o subsahariano, no les hubiera quedado más remedio que acogerlos de pleno derecho dado que no cabe la posibilidad de permitir que se cree una controversia pública al no hacerse cargo de ellos.
Actualmente se hallan en un centro privado de enseñanza que los ha recogido sin cargo el tiempo que sea necesario, siendo las personas que los encontraron los que costean la comida y la ropa sin tan siquiera tener la posibilidad de acogerlos en sus casas por lo ilícito del amparo de unos bebes abandonados sin el correspondiente papeleo. Siempre pagan los inocentes, porque lo que no es justo es recriminable, y si bien es cierto que los inmigrantes en la mayoría de los casos vienen en condiciones muy precarias, dos niños abandonados son dos niños abandonados y no importa su nacionalidad o raza.

Tristemente, circunstancias como ésta allanan el camino a los conservadores radicales para proclamar su propaganda ultraderechista y ser escuchados por los votantes cansados ya de no encontrar alternativas políticas medianamente aceptables.

¿Será Rajoy el fascinador de masas que les diga a los ciudadanos lo que quieren?... ¿Tendrá que venir el propio Sarkozy a hacerlo?...Sinceramente, miedo me da ocurra lo que ocurra.

31 de mayo de 2007

Un parto complicado

Volver de una fuga sin sonata, y sin avisar, debe realizarse con cierta prudencia, sin apelar a la imaginación del visitante y, al menos, dejando una nota en la puerta de la nevera indicando que estoy aquí en cinco minutos.

En un mundo como este, el blogueril, decidir que ya basta y dejar “el blog” bajo los designios de un servidor, que este caso no es servil, sino el que manda realmente, es una circunstancia que está a la orden del día. La tasa de abandonos se me antoja próxima a la de divorcios, y por mucho que digan por ahí que se abren en el mundo “nosecuantosmiles” de blogs al día, tanto el número de bitácoras nuevas con respecto a las se cierran deben compartir una cifra relativamente similar. Al final va a resultar que la web 2.0 no se diferencia tanto del mundo real, unos mueren para dejar paso a otros que nacen, la ley de la vida.

Tras un periodo de asueto obligatorio, un poco cansancio y una pizca de hartazgo obligan, tenía la imperiosa necesidad de regresar con algo nuevo, distinto, y, si de algo disfruto casi tanto como de escribir es del proceso de remodelación del diseño del blog.
Durante casi el año que lleva abierta esta humilde bitácora los cambios han sido sustanciales. No creo que el diseño sea de vital importancia en un blog, pero si considero que al menos debe ser personal y desde el principio he pensado que desmarcarse de la típica plantilla, en este caso de blogger, era algo necesario en la identidad de una página.

Mejor o peor, más o menos bonita pero única.

La transformación era inevitable, esto debía ser otra cosa. Tras muchas horas de trabajo, y alguna que otra incertidumbre, la metamorfosis culminó en esto:



Una empresa titánica para alguien con conocimientos limitados en CSS y html. Los que se hayan pasado por aquí estos últimos días habrán visto el diseño en activo, penosa tanta variabilidad.

Pero había un problema, cuatropelos ya no era cuatropelos, era otra cosa. Era otro blog y esa identidad a la que le daba tanta importancia se había perdido. Era como cuando nos cambian cualquier utensilio que usamos habitualmente por otro igual. El contenido era idéntico, el funcionamiento era el mismo, pero el tacto y la certeza de que era “cuatropelos” habían desaparecido. Intenté esbozar unas líneas parecidas a éstas, pero era incapaz de escribir en ese blog, tenía que recuperarlo. Ese diseño era para otro blog, pero no para éste.

Al final el alumbramiento has sido difícil, casi por cesárea, y aunque los cambios han sido patentes, creo que ha vuelto a recuperar la esencia que lo creó. No es bonito, no es impactante, y quizás tampoco sea tan “único”, pero al menos sigue siendo cuatropelos y así debe ser.

Y como esto es casi una nueva presentación les doy de nuevo la bienvenida a todos. Si lo desean, critiquen, que aquí no eso no molesta y nunca es tarde para aprender, sobre todo yo.

10 de mayo de 2007

Historias del grano de arena. # 12. Tijeras y espectros

trauma.

(Del gr. τραῦμα, herida).


1. m. Lesión duradera producida por un agente mecánico, generalmente externo.
2. m. Choque emocional que produce un daño duradero en el inconsciente.
3. m. Emoción o impresión negativa, fuerte y duradera.




Que tiempos pasados fueron mejores y la sensación de que nuestra vida ha sido aburrida son apreciaciones en cierto modo equivalentes y, en mi humilde opinión, totalmente falsas. Si nos paramos a pensar un rato y hacer balance de nuestras vivencias, nos damos cuenta que en el tiempo que llevamos trascurridos por este extraño mundo nos han pasado muchas cosas y que aunque “pasadas” no tienen porque ser mejores. Algunas marcan más, otras menos, pero los acontecimientos importantes son numerosos y todos nos dejan algo, Alguno Incluso llega a traumatizarnos de por vida, en este caso es un nombre, un nombre espeluznante.

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Allá por el segundo lustro de aquellos maravillosos años ochenta, maravillosos por lo imberbe del que suscribe, porque por los cánones estéticos eran de autentica pena. Tiempo de experimentar: las primeras chicas, los primeros coqueteos con el alcohol y lo primero de casi todo. Y aunque parezca una moda más o menos reciente, las leyendas urbanas existían, pero no se llamaban leyendas urbanas, simplemente eran historias y a una edad en la que se es fácilmente impresionable, las historias de fantasmas o espíritus eran las que gozaban de mayor interés por el público en general.
La chica de la curva, espectros en los espejos y un sinfín de seres de ultratumba eran intérpretes de aquellas historias tenebrosas que generalmente se contaban cuando había chicas delante. Pero una de estas leyendas urbanas era especialmente aterradora, porque además de ser sensiblemente truculenta, lo más inquietante era el hecho de que su protagonista tenía nombre propio, Verónica.
De las diferentes versiones de este relato nuestra Verónica se asemejaba a la leyenda mexicana de “La Llorona”, en la que por culpa de un mal de amores, una mujer asesina a sus hijos y después se suicida, quedando su alma penando en el mundo de los vivos para pagar por su crimen. La historia era similar, pero en este caso la singularidad residía en que dichos crímenes y posterior suicidio fueron ejecutados con unas tijeras, algo que hacía que el relato fuera más melodramático y lúgubre. Se decía que si introducías unas tijeras en un libro “místico”, generalmente la Biblia, y lo atabas con un lazo negro formando una especie de péndulo, se conseguía invocar el espíritu de Verónica. Pero había que tener cuidado, una pregunta incorrecta y las tijeras saldrían volando del libro para clavarse en tu cuello. La otra variante de la “maldición” era que si después de realizar una invocación al espectro de Verónica a la mañana siguiente aparecían unas tijeras colocadas misteriosamente mientras dormíamos bajo la almohada, era una señal inequívoca de que íbamos a morir en breve en extrañas circunstancias. Otro modo de invocar a este fantasma era situarnos frente a un espejo a la luz de una vela y llamarla tres veces. Se supone que aparecía detrás de ti a través del espejo tijeras en mano. Las consecuencias catastróficas de llamar a Verónica solían coincidir, muerte violenta con tijeras de por medio.

La inconsciencia, alentada por la juventud, y la sugerente idea de que unas niñas asustadas acudiendo dócilmente a los brazos de unos valientes muchachos, idea alentada por un recuento desbordante de hormonas, propició, ilusos, la preparación de una sesión de ouija casera para así lograr nuestros perversos planes.
Estuvimos recortando cuadraditos de papel casi toda la tarde, en cada uno de ellos escribimos una letra del abecedario, números del cero al nueve y en dos un “si” y un “no”. El sitio elegido era el rellano de un edificio donde vivía un amigo. Entre la quinta y la sexta planta encontramos el escenario perfecto para nuestros fines.
Una particularidad de dicho edificio era que a plena luz del día sus pasillos eran especialmente oscuros, al caer la tarde solía ser tenebroso, y, en concreto aquel “descasillo” en el que la bombilla, que normalmente ofrecía una luz tenue, estaba fundida lo hacía el lugar ideal. Dispusimos los cuadrados de papel en el suelo formando un círculo, y el elemento a usar para establecer contacto era una moneda de veinticinco de las antiguas pesetas, las grandes, las que no tenían agujero.
Es extraño que siempre que se juega a hacer espiritismo, el médium sea el más escéptico, supongo que al actuar con más lirismo, la sobreactuación le aporta más credibilidad al papel; el que cree de verdad en los fantasmas se muestra temeroso y entrecortado. Pusimos la yema del dedo en la moneda y empezamos la sesión paranormal.

- Verónica, ¿estás ahí? Al principio no ocurría nada, la moneda permanecía inmóvil.
- ¡Hay que concentrarse!¡Dejad la mente en blanco! –dijo el improvisado médium, demasiadas películas de terror-.

En el simulacro de concentración era inevitable que se escaparan algunas risitas por lo ridículo de la situación, después de varias regañinas mutuas decidimos volver a intentarlo en serio.

- Verónica, ¿estás ahí?

De repente la moneda se dirigió vertiginosamente hacía el “si”.

- ¡Has sido tú!
- ¡De eso nada! ¡Has sido tú!

Durante unos minutos no cesaron las acusaciones mutuas a fin de encontrar al culpable de mover la moneda, pero tras los solemnes juramentos de inocencia empezamos a asustarnos de verdad. Decidimos recogerlo todo y dar por finalizada la sesión cuando tres fuertes golpes resonaron en la pared. Se suponía que tras aquel muro no había ninguna vivienda, teóricamente esa pared daba al exterior, pero los golpes indudablemente provenían de allí. Nos mirábamos paralizados por el miedo, aquello no era posible, permanecimos allí varios segundos. Las chicas estaban aterrorizadas, habíamos conseguido el objetivo, pero los chicos también, eso era algo que no estaba previsto.

Los seres humanos poseemos una misteriosa e inexplicable cualidad que es similar a ese sexto sentido que le atribuimos a los animales, y porque somos animales, aunque desarrollados en mayor o menor medida, compartimos atributos con el resto de mamíferos; aunque atrofiado, la sensación de una presencia en una casa vacía o sentir que estamos siendo observados forma parte de ese sexto sentido que nos esforzamos en negar.
En la planta superior había alguien, todos lo notamos. Se suponía que allí no debía haber nadie. La planta sexta estaba desabitada y nadie subía allí. Sentíamos como una presencia bajaba por las escaleras. Presas del pánico corrimos bajando los escalones de dos en dos sin mirar atrás. Una vez en la calle nos despedimos rápidamente y nos fuimos a casa asustados.
Fueron varios los días en los que al despertar levantaba la almohada con la esperanza de que no hubiese unas tijeras que determinaran mi siniestro destino. Muchos días temeroso de sufrir un accidente inesperado.

Aquel amigo residente en el edificio que nos prestó su rellano para aquel juego espiritista, nos reunió una tarde a todos los que participamos para narrarnos una historia que nos iba a dejar anonadados. Aquel día de verano en la que decidimos reírnos del más allá, unos obreros estaban arreglando una conducción de evacuación de aguas pluviales (lluvia) del edificio. Los golpes en aquella pared eran el eco de los golpes que esos operarios le daban a la tubería, que coincidentemente, recorría oculta por aquel mismo muro de ladrillo. La presencia, el mismo obrero que fue a quejarse a los padres de mi amigo de unos niños que huyeron mientras jugaban escondidos en el rellano entre la planta quinta y sexta.
El misterio estaba resuelto, los fenómenos paranormales eran muy terrenales, pero la sugestión hizo un gran trabajo en unos chavales que jugaban con los espíritus.
Aún conociendo la verdad, todavía no puedo evitar un pequeño escalofrío al escuchar el nombre de Verónica. Al oírlo rememoro historias de fantasmas y almas en pena. No puedo evitar cerrar unas tijeras que reposan abiertas en lo alto de una mesa.

Aunque físicamente inofensiva, una ouija puede ser un arma terrible en subconsciente colectivo de los que la practican. Al igual que un hipocondríaco termina enfermando de las dolencias que realmente no padece, en la mente de unos muchachos la sugestión sobre algo que creen real puede se más fuerte que la propia realidad en si misma, llevándolos a sufrir aquel inexistente y fatal desenlace que tanto temen; tan sobrenatural como su propia paranoia.

Cuando nos reunimos los antiguos amigos a veces solemos comentar aquel incidente entre risas, pero hay algo que jamás hemos averiguado después de tanto tiempo. El desconocimiento de no saber que fue lo que movió realmente a aquella misteriosa moneda de veinticinco pesetas.

7 de mayo de 2007

Rescate inesperado

¿Qué es lo que pasa?...es una señorita en peligro. Por lo inquietante de la pasmosa tranquilidad en la respuesta, cientos de pequeñas y desconcertadas bocas se preguntan que es lo que esta ocurriendo allí. Por qué miran al tejado de aquel edificio y contemplan como aquella mujer va a caerse desde veinte metros sin que nadie muestre el menor atisbo de intención en ayudarla. Para qué los han llevado allí, por qué hay tanta gente.
De repente, en lo alto del edificio, una figura vestida de rojo y azul emprende un peligroso descenso por la fachada con el firme propósito de salvar a la mujer. Las caras de sorpresa no se hacen esperar, es él, es
Spiderman.
Con el temor infundido sobre un riesgo que creen cierto, observan las evoluciones del hombre araña en tan inesperado rescate. Consigue llegar hasta la cesta metálica en la que una aterrorizada víctima espera la llegada del superhéroe y así culminar una bajada triunfal en brazos de aquel señor disfrazado. Alentado por la manifiesta euforia del sector infantil que allí se congrega, se acerca a su público.
Carreras, fotos, autógrafos, una autentica locura. Pero la emoción y las sonrisas nerviosas por ver en persona a su héroe lo vale, siempre lo vale.
Entonces nos percatamos que, para los niños, aquel equilibrista elegido para representar un papel, no es un personaje de ficción, para ellos es el verdadero Spiderman. Que como en el día de Reyes Magos nos contagiamos de su ilusión, por un momento compartimos con ellos la certeza de estar contemplando como un autentico superhéroe ha salvado a una pobre señorita. Ya no se preguntan el por qué de su presencia en ese lugar. No sospechan que todo estaba preparado, ¡Es Spiderman! y con ello la argucia publicitaria ha funcionado. Pero no importa, recordar con los más pequeños este día es lo importante. En ese momento nos damos cuenta de lo que es real y de lo que no lo es. En ese momento comprendes que mientras ellos crean en él siempre será real, lo han visto y eso nada lo puede cambiar.
Mientras nos marchamos reparamos en que ya no creemos en las hadas, con pesadumbre nos asola una terrible realidad, darnos cuenta de que sin polvo de hadas nunca jamás volaremos. Los miras a los ojos y en el brillo se refleja la emoción de haber vivido algo mágico. Es justo en ese momento en el que tenemos la única y real certeza de que en el brillo de sus ojos radica el secreto, sabemos que mientras ellos crean en la fantasía será lo único que necesitaremos para seguir volando, su ilusión.
Fotografía Diario La Opinión.

30 de abril de 2007

Freak Show

Un rasgo que identifica inequívocamente a los seres humanos es la extraña fascinación de éste por lo inaudito e insólito. La curiosidad mató al gato, pero tras su muerte allí se reunieron cientos de personas para verlo muerto. El circo romano, ejecuciones públicas, la actualidad cotidiana, bien nutrida de imágenes escabrosas surtidas por los noticieros o por programas de imágenes impactantes para el deleite de indiscretos anónimos. La atracción por los males de los demás para convertirlo en espectáculo, ha sido una de nuestras distracciones desde los orígenes de la humanidad. Resulta incluso perverso comprobar que la respuesta a un descomunal atasco de tráfico se halle en que, tras un grave accidente, la gente se detenga a mirar.
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La muerte y el sexo en público son dos de los pilares básicos que alivian nuestra sed de morbo, pero si hay algo que nos encanta contemplar sin apartar la mirada e incluso convertirla en negocio es la “anormalidad”. El hombre elefante, el forzudo, el hombre lagarto, el hombre de goma, la auténtica sirena. Cualquier rasgo que diferencie a un ser humano de los demás siempre ha sido objeto de curiosidad.

La Parada de los Monstruos

Estos personajes, algunos con graves deformidades físicas, fueron en otro tiempo en la mayoría de los casos atracciones de feria. Mujeres aquejadas de hirsutismo, un cuadro de acromegalia o una acondroplasia transformaba a estas personas enfermas en la mujer barbuda, el gigante o el hombre más pequeño del mundo, seres fantásticos de otro universo para ser mostrados al público como atracciones de circo por un módico precio. Una terrible realidad que ya fuera retratada en 1.932 con la película La parada de los Monstruos, en la que se nos muestra la vida entre bambalinas de unos “freaks” reales, y, que fuera censurada en su tiempo en virtud de ese comportamiento humano tan hipócrita, de rechazar, una vez revisada la realidad más cruda, esa misma realidad creada por los censores a los que ahora le escandaliza.

Don Sebastián de Morra


Pero mucho tiempo antes, uno de los artistas universales en la historia Francisco Lezcanoplasmó su freak show particular. Tomando como protagonistas a los personajes más rocambolesco que poblaban la corte de los Austrias españoles, para Don Diego Rodríguez de Silva y Velázquez, bufones, locos y demás seres concebidos para el uso y disfrute de la nobleza de la época merecieron ser inmortalizados creando con ellos algunas de las obras pictóricas con mayor relevancia en las historia del arte. Obras concebidas no para la burla y jactancia, sino para pasar a la historia enalteciendo la excelencia de estos bufones y mostrando con total dignidad a los “monstruos” de circo de aquel siglo XV.
Don Juan Calabazas
De la mano genial de Velázquez, Francisco Lezcano, Don Juan Calabazas, Diego Acedo o Don Sebastián de Morra, entre otros, pasarán a la posteridad como muestra de esa seducción por lo “distinto”. Servidores que en su infortunio tuvieron la suerte de sobrevivir, animales exóticos en la corte de la ostentación y la decadencia, demostrándonos una vez más, que, aunque depravado, la contemplación morbosa de lo extraordinario reside en lo más profundo de la esencia humana y ha sido, es y será una característica inherentemente a nuestra especie hasta el final de nuestra existencia.

24 de abril de 2007

Yo sólo en una caverna

“Pobres seres de mi imaginación. Creéis que existís pero solo ‘sois’ gracias a mi imaginación.
El estridente sonido del despertador que resuena cada mañana solo es la llave que me abre la puerta de mi realidad inventada. Nada es real, todo es producto de mi mente y en cualquier momento despertaré a la verdadera existencia.
Vosotros hacéis lo que mi inconsciente os dicta para completar aún más el entorno que he creado. Solo sois actores etéreos en el subconsciente de una entidad única, yo.”

Una idea tan antigua como la propia conciencia del hombre en si mismo, es la sugerente hipótesis filosófica que incita al individuo a pensar que el mundo real en el que nos hallamos no existe, sino que nuestra vida está así conformada fruto de nuestra psiquis o como resultado de una conspiración, en una virtualidad o irrealidad de la que somos protagonistas o creadores de forma inconsciente.

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En algún momento de su vida quién no ha pensado, aunque fuese por un instante, que era víctima de un gran montaje. Que las ciudades o pueblos son un decorado y los que nos rodean son cómplices de ese plan macabro que pretende ocultarnos la “verdad”; una realidad en la que somos observados como conejillos de indias al más puro estilo “Show de Truman”. Quizás hayan tenido la sensación de que el universo es una proyección sugestionada de la existencia en la que queremos vivir y que en realidad somos una especie de esencia espiritual.

A veces nos asalta la duda, cuando al despertar, tenemos la certeza de la muerte de aquellos seres que habitan en nuestros sueños e inquietarnos con la idea de que nosotros mismos somos el fruto del sueño de alguien que en cualquier momento puede despertar o que simplemente, “
la vida es sueño”.

El
solipsismo, este concepto tan abstracto pero extrañamente razonable ha sido objeto de multitud de ensayos y obras desde los albores de la humanidad. Bajo esta premisa, ya sobre año 370 adC, Platón intentaba describir en la alegoría del mito de la caverna su creencia en la existencia de dos mundos, el mundo sensible y el mundo de las ideas.

El pensamiento solipsista encuentra su espacio en religiones como el Taoísmo, Budismo e Hinduismo y siempre ha sido tema recurrente en la literatura de ciencia ficción, bastante presente en la obra de uno de sus autores más prolíficos, Philip K. Dick. En cine destaca este aspecto filosófico en la primera de las películas de la saga Matrix, en la que su protagonista es liberado de un mundo virtual controlado por máquinas, para así serle revelada la auténtica realidad.

El sentido común nos señala que el mundo es tal y como lo percibimos y que todos somos tan reales como que cada individuo es individual y único; no un producto de la imaginación. Pero lo que si es cierto es que a veces es extraño el modo en el que se desarrollan ciertos acontecimientos. Cómo curiosamente, quizás sea sugestión, vemos como un artículo del periódico o un reportaje de televisión, casualmente, nos rellena los huecos pendientes en aquella conversación que tuvimos el día anterior sobre aspectos más o menos cotidianos y como si estuviera inquietantemente preparado. La insólita certeza de reconocer una cara que ya vimos, en otro lugar muy distante y distinto como si fuese un actor secundario de todo un complejo tinglado conspiranoico.

Quién sabe si el solipsismo es la respuesta a la ineludible necesidad del ser humano de buscar “otras” respuestas al sentido de la vida, pero, por si las moscas, hablemos cautelosamente del asunto o quizás esa búsqueda enfade a
Brahmā y despierte de su sueño.

18 de abril de 2007

Historias del grano de arena. # 11. Pistolas y rosas

Es curioso como el tiempo difumina nuestros recuerdos y que hechos recientes los vuelvan a sacar a flote. La primera vez que me apuntaron con una pistola tenía diez años; un acontecimiento que pudo acabar con un final trágico, -cualquier infortunio es más aciago cuando hay niños de por medio- acaba convirtiéndose al cabo de los años en una simple anécdota que se cuenta con una sonrisa en los labios.

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En mis tiempos, con diez años eras sumamente inocente, tanto como el mundo en el que vivía. Ahora, la sobre-información que continuamente nos bombardea minimiza la inocencia a lo que para el consumo es sustanciosamente rentable. No importa si nuestros niños conocen perfectamente qué es la muerte y el sexo, pero interesa que sigan creyendo en los reyes magos, que mickey mouse es un sujeto real o en cualquier personaje que para su disfrute demande de los padres abonar su ambicionado beneficio económico. Cuando yo era pequeño los malos solo habitaban en las películas del oeste y eran los únicos que llevaban revolver. Contemplar como un perturbado armado te exige a punta de pistola que vuelvas a casa no es una experiencia grata para un niño de diez años.

Los críos son una caja de sorpresas. Si en vez de entrar en aquel bar y escondernos bajo una mesa hubiésemos advertido a los adultos de aquel hombre de la pistola, quizás ahora no sería una simple experiencia. Quizás con ese silencio evitamos que alguien saliese herido o incluso muerto por la tan tristemente célebre herida de bala. Actos inconscientes que en apariencia son equivocados pero que resultan ser la opción más correcta.

Preferiría acordarme de lo que comí ayer antes que recordar vivencias desagradables, pero no funciona así. Irremediablemente estoy condenado a recordar de por vida con total exactitud en ambas ocasiones, es ese pellizco en el estómago que dificulta la respiración y la sensación de cómo un sudor frío recorre todo el cuerpo producto de la adrenalina. El terror y el desamparo que se siente al comprobar que impotente estás sujeto a los caprichos de un loco. Pudo ser una noche de pistolas y rosas, la pistola que mata y las tristes rosas de duelo. Todo se convierte en una anécdota cuando no sucede nada irremediable.

¿Ambas ocasiones?

La memoria es misteriosa. A veces hechos relativamente recientes se recuerdan con menor detalle que los que ocurren en nuestra niñez. No puedo asegurar con exactitud si tenía dieciocho o diecinueve, quizás incluso veinte años la segunda vez que me apuntaron con una pistola…pero eso ya es otra historia.

16 de abril de 2007

Señor sonrisa.

Érase una vez un hombre que tenía una familia normal, un trabajo normal, unos amigos normales y básicamente lo que solemos denominar una vida normal. Como contrapunto a esa existencia sin lugar a dudas corriente, este hombre siempre llevaba una mascara. Nadie sabía por qué la llevaba ni el verdadero aspecto del que la portaba. Lo único que aquella careta de agradable sonrisa permitía mostrar eran unos grandes y tristes ojos azules.

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Por carácter afable y su afán en evitar cualquier tipo de conflicto con su familia normal, en su trabajo normal, con sus amigos normales y básicamente en cualquier aspecto de lo que denominamos su vida normal, no tardaron en apodar a ese hombre el señor sonrisa, dado que daba por zanjado cualquier asunto y sin discusión, mostrándoles a todos el amable gesto de aquella máscara acompañado con una ligera reverencia.
La gente se aprovechaba de su carente combatividad. No importaba si era una discusión sin trascendencia o era amonestado injustamente, él siempre ponía la otra mejilla en el gesto sonriente de su disfraz y así fue durante varios años. Años de cafés fríos y trabajos extra sin sublevación.
A sabiendas de la certeza de una guerra ganada, un mal día un jefecillo malicioso se aprovechaba de tal circunstancia para abusar y humillar sin contemplaciones del señor sonrisa. Este como tantas y tantas veces, mostró su sonrisa en reverencia y de ésta cayó al suelo, y, no se levantó. Había muerto.

muerte.

(Del lat. mors, mortis).
1. f. Cesación o término de la vida.
2. f. En el pensamiento tradicional, separación del cuerpo y el alma.
3. f. muerte que se causa con violencia. Lo condenaron por la muerte de un vecino.
4. f. Figura del esqueleto humano como símbolo de la muerte. Suele llevar una guadaña.
5. f. Destrucción, aniquilamiento, ruina. La muerte de un imperio.
6. f. desus. Afecto o pasión violenta e irreprimible. Muerte de risa, de amor.

Diccionario de la Real Academia Española

Se puede morir de diferentes maneras, pero en esta ocasión era una de esas muertes, que según los rumores, la gente calificaba, como en los noticieros, en extrañas circunstancias. Su familia normal, sus compañeros de trabajo normales, sus amigos normales lloraban a lo que básicamente denominamos un cadáver normal, pero con sus exámenes rutinarios los forenses no podían precisar la causa de la defunción y decidieron mirar en su interior. Quedaron perplejos al comprobar que sus entrañas estaban terriblemente marcadas con cientos de cicatrices. En su corazón se podían observar decenas de llagas abiertas, una grande que casi lo partía en dos fue la que le mató según los forenses.
Durante días estuvieron investigando sin éxito las posibles causas que podrían haber producido tales heridas. Su muerte era tan misteriosa como el motivo por el cual llevaba aquella máscara y sin encontrar un motivo aparentemente razonable de por qué había muerto, cerraron el expediente y lo procedieron a su inhumación.

La sepultura era presidía por desventurada lápida en la que únicamente rezaba un escueto “señor sonrisa” con una réplica de la máscara grabada en la gran piedra de granito. Todos acudieron al enterramiento, su familia normal, sus compañeros de trabajo normales, sus amigos normales, cuando antes de terminar el acto de entre el gentío apareció un niño que con un pequeño martillo y un pequeño cincel se acercó a la desolada e incompleta lápida y empezó a golpear. Si fue dura e insólita la pérdida de aquel hombre normal que básicamente siempre tuvo un gesto amable en cualquier circunstancia, más desconcertante era la inscripción que aquel niño plasmó en la fría roca: Aquí yace un hombre que prefirió mil veces verde, que una rojo. Entonces todo empezó a cobrar sentido, con su máscara había decidido ocultar a todos sus sentimientos y opiniones. Con ella ahogaba una discusión desagradable o un mal gesto, pero con su actitud, el veneno acumulado durante años por no permitir liberarse, ni tan siquiera con un simple grito de rabia, lo había matado.
Un asfixiante sentimiento de culpa asoló a los que allí se hallaban por no haberse dado cuenta antes de las autenticas intenciones del señor sonrisa. Sentían que lo habían estado apuñalando inconscientemente durante tanto tiempo sin reparar que lo asesinaban poco a poco. Decidieron que en su honor todos llevarían una máscara con una enorme sonrisa. Su familia normal, sus compañeros de trabajo normales, sus amigos normales y básicamente lo que denominamos un entorno normal, determinó que con este disfraz se acabarían los malos modos, que todos serían felices. De repente el niño que había tallado aquel epitafio a golpe de martillo, destacó sobre los gritos de euforia de los asistentes un llanto amargo:
- ¿Acaso aún no os habéis dado cuenta que son las máscaras las que nos envenenan hasta matarnos?

10 de abril de 2007

Cuidado, que viene el guardia

Se supone que la gente cambia. Con el paso del tiempo evolucionamos en base a nuestras vivencias o necesidades y, a mejor o a peor, todos cambiamos inevitablemente. A veces, incluso aquel niño que desde pequeño se le intuye un futuro más cercano a una constante ilegalidad con tintes mas o menos delictivos cambia. Y aunque no siempre, en la mayoría de las ocasiones esa transformación consiste únicamente en una cuestión de status, aquel gamberro pandillero o el inicuo bravucón que incomodaba al su entorno más cercano es ahora un ciudadano respetable con una importante labor social, proteger y servir.

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Cuando los que alardean de su desidia por forjarse su propio porvenir y tienen familiares con influencia para otorgarles una placa y brindarles la oportunidad de portar una pistola al cinto, no recuerdan que atrás quedaron las reuniones de botellón y cannabis a la luz del día. Se olvidaron de la trascendencia que tenía entre sorbo y calada la última huida de los agentes de la ley al grito de “que viene el guardia” cuando era necesaria su intervención en aquella carrera ilegal de vehículos trucados. Pero continúan vagando, perdonándole la vida a quien les venga en gana, como antes, pero con el poder que da un uniforme.

Es triste comprobar como personas con autentica vocación de proteger y servir quedan relegadas por el macarrilla con “enchufe”, que en cumplimiento de sus obligaciones usa su valentía para sancionar “porque me da la gana” en virtud de la paga extraordinaria y adolecen de ese arrojo cuando piden refuerzos si su propio reflejo de nueve años les intimida con la pequeña navaja de un cortaúñas.

De ellos depende nuestra seguridad. De niños que ponen en peligro la circulación a ritmo de reggeton o perturbados coleccionistas de armas de espíritu belicista; pero ahora no son ellos los que escapan de la policía, son la policía, y, somos el resto los tenemos que advertir, con disimulo, cuidado, que viene el guardia.

9 de abril de 2007

Mundo perfecto

No sé si será por el influjo de estas fechas en las que lo divino flota en el aire. No sé si será que me hallo bañado por la bendición de nuestro señor Jesucristo resucitado, pero, he de comunicarles que me ha sido mostrada una revelación. Hay que eliminar de la sociedad a todas las personas que nos parezcan desagradables.

Tenemos el deber de prescindir de todos aquellos que hacen de esta humanidad un lugar incómodo. Vetar a los mal hablantes negándoles hacer uso de la palabra, incluso desterrar a todos aquellos que con sus comentarios del caca, culo, pedo, pis puedan molestar al resto de los mortales. Expulsar de este mundo a los maleducados que no dan los buenos días y que se muestran incivilizados por no estar de acuerdo con los demás. Resumiendo, conseguir un mundo amable e hipócrita para que todos los que aquí vivamos seamos gente maravillosa. Tan maravillosa como determine ese grupo de “expertos” que con humildad y buenas intenciones pretenden hacer de internet un lugar en el que no tiene cabida “todo blog "desagradable" y que no se ajuste a unas pautas de conducta que podrían definirse como las del buen blogger”.

¿Serán esos todopoderosos “expertos” los que eliminen a aquellos proclamen verdades incómodas en virtud de los intereses de unos u otros, o, simplemente serán tan omnipotentes como para decidir quién puede o no puede escribir según su propia percepción de “desagradable”?

4 de abril de 2007

Sonidos de pasión





28 de marzo de 2007

Cruce de caminos


Se cruzan las miradas, os reconocéis, pero es un saludo forzado en un intento por ser corteses. Un simple hola para alguien con el que has compartido una parte de tu vida, para un antiguo compañero de colegio que ahora es un extraño cualquiera.

Discurriendo por la vida vamos dejando a demasiadas personas atrás. Tenemos grandes preocupaciones como para hacer el esfuerzo en acordarnos de los nombres de aquellos a los que probablemente no volvamos a ver jamás. Dos almas que recorriendo una misma travesía y que cayeron en el abismo del olvido en el primer cruce de caminos.


Un encuentro casual que conecta la maquinaria de los recuerdos, sobre todo si se trata de una personalidad pintoresca. En la adultez de las buenas formas y del lenguaje no ofensivo, él hubiese sido un freak homosexual; en una adolescencia carente de mano izquierda y sin presiones lingüísticas, para el resto de los compañeros era el maricón raro.

La equivalente simbiosis entre un aspecto singular y la previsible caída en el derrumbadero de los complejos, lo convirtieron en un adolescente con modos asimismo singulares y, aunque parco en palabras, en los escasos momentos en los que acedía a comunicarse, siempre correcto en el trato, sus respuestas solían tan extravagantes como sus ademanes.
Su presunta homosexualidad era el resultado del obtuso razonamiento púber, si bien era notorio su amaneramiento nunca demostró por su parte interés manifiesto para con el sexo contrario. Simplemente era “maricón” en base a la absoluta e incontestable certeza que otorga la estupidez juvenil.

Año tras año, curso tras curso, el miedo al rechazo lo hizo aún más introvertido. La negación constante a compartirse a los demás temiendo las burlas lo arrojó al rincón de la clase sin que nadie lo echara de menos en la graduación.

Ahora recorre un camino opuesto y se aleja. Conserva su inusual semblante y ese rictus de mirada ausente y leve sonrisa bobalicona. Pero esa mirada ya no está tan perdida como lo estaba él en nuestro mundo de gente corriente; en sus ojos se aprecia la aceptación del ser como soy sin importar lo piensen los demás. Es la mirada de un hombre que sin temor se cruza con su pasado y le dice adiós como lo que es, un perfecto desconocido.

Prohibido subsistir

El comercio del cuerpo es un negocio oscuro y hostil. Un sombrío mercado de carne de niñas engañadas y jóvenes amenazadas. Y aunque es de obligación erradicar con todos los medios posibles la trata de blancas, no son siempre victimas inocentes de feroces mafias; en la mayoría de los casos es una causa forzada, pero voluntaria.

Carteles que rezan en las calles “Los periódicos fomentan la prostitución” y ellos se solidarizan, los gobiernos que en virtud de un mundo políticamente correcto les prohíbe publicitarse.

Los que disponen siempre obvian la opinión del que pretenden salvar. ¿Serán ellos los que protejan a las meretrices de la inconformidad del proxeneta de turno que les exija que la mitad de las ganancias a abonar sean la misma mitad con la mitad de clientes? ¿Las auxiliarán económicamente o se verán sorprendidos porque las prostitutas y prostitutos que subsistían alejados de la calle infame deban arrojarse a ella?

Pretenden ayudarlas regularizando la prostitución y que paguen sus impuestos como cualquier ciudadano, pero les limitan la promoción privada avocándolas a las frías noches a la intemperie o a ser acogidas por uno de esos magnificentes empresarios del medio.

Te quiero mucho perrito, pero pan, poquito. A mi que me lo expliquen.

25 de marzo de 2007

Solo seres vivos

Cuando en cualquier conversación sale a relucir la figura de Sigmund Freud, no podemos dejar de pensar el él como en ese pervertido que aseguraba que cualquier comportamiento del individuo, psicológicamente hablando, estaba relacionado directamente con el sexo. Y aunque se centraba en lo concerniente a los entresijos de la mente humana, si lo analizamos desde una perspectiva menos compleja quizás ese buen hombre tenía cierta razón.

La cuestión, según me contaron una vez que fui al colegio, es que los seres vivos nos regimos por cuatro parámetros básicos: nacemos, crecemos, nos reproducimos y morimos. Por mucho que nos pese, aunque más inteligente que los demás, biológicamente hablando no dejamos de ser unos animales bastante normalitos en el modo en el que nos comportamos socialmente y en seguimiento de las directrices que la naturaleza nos exige, porque en el fondo, el resultado es que la vida es más simple de lo que parece por mucho que nos empeñemos en complicarla.



Como casi la mayoría de los primates, véanse los chimpancés, vivimos en manadas. Como ellos, cohabitamos unos individuos con otros porque es el medio con el que nuestra especie tiene más probabilidades de alcanzar la finalidad para la que estamos aquí, la perpetuación de nuestra especie.

Creemos que controlamos nuestro destino gracias al don del raciocinio, probablemente una hormiga también lo crea. Pero aunque su misión sea la de recolectar comida para la colonia, con su trabajo solo persigue la continuidad del hormiguero. En nuestro hormiguero particular no importa la singularidad de sus elementos, aunque pensamos que controlamos individualmente reproducirnos o no, el resultado es que a nivel global lo hacemos y mucho. Para lograr esta perpetuidad lo único y fundamental es el sexo. Es nuestro principio y nuestra finalidad en este mundo, dejar nuestra semilla para conseguir no extinguirnos. Negarlo es negar a nuestro propia naturaleza y visto de ese modo nuestra obligación más importante.

El Sr. Freud estaba en lo cierto, desde el principio de los tiempos vivimos obsesionados con el sexo para poder seguir existiendo como cualquier ser vivo que nace, crece, se reproduce y muere.

21 de marzo de 2007

Historias del grano de arena. # 10. Tolomeo contraataca

Aunque casi todos tenemos un Tolomeo en nuestra vida, éste es mío, personal e intransferible, por desgracia. Este Tolomeo, celebérrimo por sus reproches a la conducta de sus vecinos y por todo aquello que él considera un agravio o una carencia total de sentimiento comunitario, mí Tolomeo, continúa colgándose, cínica y alegremente, medallas de sus triunfos sobre sus indignados colindantes, que sin salir de nuestro asombro, vemos que con toda la desfachatez del mundo y el “me importa un pimiento choricero”, se ríe de nosotros al son que a él más le calienta.

Si ya le narramos anteriormente los tristes y escatológicos acontecimientos del perrito, inocente él, que nos regalaba un maravilloso ramillete de fragancias y texturas excrementicias, Tolomeo se explaya aún en la más grata solidaridad vecinal. Y es que Tolomeo es un hombre ocupado, ocupado en fastidiar a los demás porque el señor se aburre, y que mejor forma de evitar este hastío que permitirnos a los demás evadirnos de la monótona rutina de una comunidad de propietarios cualesquiera.


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Tolomeo vive en una urbanización privada en la que existen viales rodados internos porque en los inicios de dicha urbanización las calles eran de uso público para todo aquel que quisiese transitar por allí. Los promotores, que a veces son unos linces, determinaron que para unas ciento cuarenta viviendas, cuarenta y tantos aparcamientos privados eran suficientes. Demostrando un sentido lógico fuera de lo común, también decidieron que esos aparcamientos privados se sortearan, pero no entre los propietarios, sino entre toda la población mundial que así lo deseara, por lo que el “asuntillo” del aparcamiento empezó con mal pié dado que una vez cerrada la urbanización, tampoco habían suficientes plazas exteriores para que pudieran estacionar los propietarios sin aparcamiento, que eran la gran mayoría.

El mucho tiempo libre de que disponía permitió que Tolomeo durante el mes previo al sorteo, más bien subasta, y el mes posterior a éste, permaneciera perenne el las oficinas de los promotores presionando por la concesión de un aparcamiento. Su constancia obtuvo premio, misteriosamente le fue adjudicado a Tolomeo uno de los aparcamientos más grandes y mejor situados. Desde el día en el que se hicieron entrega los aparcamientos empezaron los problemas.

Si no eres propietario de uno de estos aparcamientos siempre es más seguro y cómodo dejar el vehículo estacionado dentro del recito cerrado que en la calle, pero a partir de ciertas horas aparcar es un acontecimiento que entraña ciertas dificultades. Los dueños de los aparcamientos “sorteados” comenzaron a especular con ellos y empezaron a alquilárselos a terceros y, por supuesto, continuar aparcando en el recinto cerrado, residieran o no allí. Abrieron la caja de los truenos porque incluso estos terceros realquilaban a unos cuartos haciendo duplicados de los mandos a distancia de la entrada a la urbanización ya así seguir aparcando dentro del recinto. Podrán imaginar como se puede sentir alguien que llega a las nueve de la noche y tiene que aparcar a medio kilómetro porque en tu propia casa no puedes hacerlo al estar los aparcamientos ocupados por coches de la calle, que entrando alegremente con sus mandos, copan un espacio privado que hemos pagado los que allí vivimos. Desesperanzador.

Para no ser menos, Tolomeo fue uno de esos propietarios que alquiló su aparcamiento. Alquilar, curiosa palabra, se usa tanto para el arrendador, que “alquila” su propiedad, como por el arrendatario que también la “alquila”, curiosa.

Pero Tolomeo, solidario y democrático, como presidente de la comunidad, saltándose los protocolos, o sea, las juntas de propietarios, y, alegando que por su edad y su ¿minusvalía? no podía permitirse aparcar fuera de la urbanización, se auto-otorgó una de las plazas exteriores del recinto en calidad de aparcamiento reservado para minusválidos, privada, en la puerta de su casa. Cuando boquiabiertos el resto de propietarios protestaron enérgicamente por esta escandalosa circunstancia, el administrador, amigo íntimo de Tolomeo, se limito a mostrar el acta de reunión en la que se aprobó, de soslayo y de buena voluntad, una norma interna en la que se permitía reservar aparcamientos puntualmente en el caso de que algún vecino lo precisara por algún tipo de incapacidad que hiciera comprensible esta reserva. Espectacular las caras de tonto tras la noticia.

Demos un giro de tuerca más a la historia. Un Tolomeo altivo y en racha, para jactarse aún más de la necedad de sus convecinos, ha alquilado esta plaza reservada y privada a alguien externo a la comunidad y continúa aparcando sus coches, porque tiene tres, en los aparcamientos externos del recinto cerrado…sin palabras.

Probablemente no se pueda hacer nada, Tolomeo tiene amigos y muy poca vergüenza. Tendremos que acostumbrarnos a convivir con él y sus argucias, pero ojo, mucha precaución con hacer una pequeña reforma o dejar que los niños jueguen a la pelota en la plaza de la urbanización, porque entonces Tolomeo nos lo hará pagar con todo el peso de la ley en la mano, horizontal, pero ley al fin y al cabo. Eso sí, con su ejemplar de las normas que es el que vale; el resto de ejemplares del mundo no tienen la mitad de las páginas perfecta y convenientemente arrancadas.

13 de marzo de 2007

Dualidad

Para muchos quizás parezca absurdo que un país se paralice por un venial evento deportivo, pero la realidad es que se vuelve a hacer patente unos de los rasgos que mejor identifican a la condición humana, la persistente necesidad del ser humano de dividir cualquier aspecto de la existencia en dos extremos. El resultado visible y simplificado es siempre obviar los matices, catalogarnos y posicionándonos en uno u otro bando. Izquierda o derecha, capitalismo o comunismo, ricos o pobres la conclusión es la inefable pertenencia del ser humano a uno de dichos extremos.

Si nos fijamos en la naturaleza, que dicen que es sabia, observamos que en la raíz misma de la propia existencia material, la identidad de cualquier elemento a nivel atómico viene determinada por tres extremos
elementales. Tres partículas básicas que en combinación conforman a la materia en sí misma.

Aplicar ese tercer elemento tan único y alejado de los demás pero equivalente, sería una tarea tan abstracta y compleja como imaginar un nuevo e inexistente color, pero en descubrirlo quizás esté ese vértice que nos dé el equilibrio que aún no hemos hallado y que nos mantiene enfrentados unos con otros desde los albores de nuestra civilización. Quizás el secreto esté en la armonía de los elementos más ínfimos y simples de la existencia, para que en su aplicación al menos rocemos con la punta de los dedos la sabiduría y equilibrio de la porción mínima de lo que estamos todos formados: neutrones, protones y electrones.

8 de marzo de 2007

País diagonal

La maldición de vivir en un país inclinado. En concreto inclinado 15 grados.
Cuando se camina por sus calles no se puede apreciar, puesto que también las personas están desviadas. Solo se percibe su cariz diagonal en virtud de un resguardo. En ese momento se puede comprobar que todo en el exterior está torcido sin el amparo de un parapeto. Es un mundo oblicuo de peinados extravagantes y vestimentas arrugadas. A veces creo que estoy soñando. Parece un sueño en el que todos los que me rodean han transformado sus rasgos, los reconozco, pero no son como antes; ahora son orientales de ojos llorosos que parecieran figurantes de un video musical de aquel hombre gris, y no gris por su carácter sombrío, sino gris de verdad. Un gris clarito como el color de estos días que sí son sombríos.

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Palmera Inclinada

En la apacible y temporalmente extinguida verticalidad, la facultad para volar de cualquier objeto dependía de la potencia con que fuera lanzado. En el cielo inclinado donde las nubes navegan a velocidad de vértigo muchos objetos vuelan, la capacidad de impedir que algo se eleve, es la fuerza con la que es sujetado. En un universo transversal el viento se lleva a las personas, a los árboles, al mobiliario urbano... se añora a que como antaño el viento solo se lleve a las palabras.

Gente inclinada

En las noches del país inclinado no se puede dormitar. Este sueño se trunca por el estrepitoso resonar de ventanas, los pavorosos alaridos provocan el sollozo de niños asustados que inundan la escasa quietud de la noche.

Mas gente inclinada

¡Oh viento!, viento purificador puedes marcharte. Que en tu gracia ya estamos limpios.
¡Oh viento!, vete lejos de aquí a purificar a otros que ya no te necesitamos.
¡Oh viento!, según los servicios meteorológicos tu tren va a salir, apresúrate lo vayas a perder.



6 de marzo de 2007

Intranscendencia

Llama poderosamente la atención la poca trascendencia, que se le da por los medios de comunicación, a algunas noticias que en principio deberían tener mayor relevancia. Grandes acontecimientos sin aparente interés mediático que solo gozan de escuetas reseñas en las publicaciones impresas. Eclipsadas por la última salida de tono de cualquier famosillo de turno y detallándolo para no peder detalles con grandes fotos a color, podemos encontrar en una esquinita del periódico que por ejemplo un equipo de científicos franceses devuelve la vista a siete perros ciegos. No hay un gran titular para que apreciemos como merece que el éxito de estos científicos supone una gran esperanza para miles de invidentes de todo el mundo que podrían recuperar la vista gracias a sus logros.

Hay otras noticias que en virtud del interés general ni siquiera aparecen en los medios. Si bien interesa el que fallece tras realizarse una liposucción, nadie le presta atención a un suceso preocupante como el aumento en el número de adolescentes que se lanzan al vacío desde una azotea y acaban con sus vidas. Parece no importar que cada vez más jóvenes decidan suicidarse y que solo se conozcan los casos en los que éstos lo hacen de un modo inevitablemente público. Ni tan siquiera llegamos a enterarnos de los que deciden abandonar este mundo de forma discreta.

¿Por qué elige alguien con toda una vida por delante y grandes problemas aparentes lanzarse al vacío?

Personas con físico de adultos y mente de niños. Hormonas en ebullición para los que el más nimio de los problemas es literalmente el fin de su existencia.

Quizás es tarea de los adultos enseñarles que la vida es más sencilla de lo que ellos creen. Que un suspenso no es fin del mundo y que no han perdido al amor de su vida por un simple desamor adolescente. Deberíamos hacer que aprendan a reírse de lo que ellos piensan que es un enorme contratiempo, igual que nos reímos al recordar el trauma de romperse aquel juguete y de lo tristes que nos pusimos porque aquel niño de cinco años que creíamos que era nuestro amigo no nos saludó. Hacerles entender que los problemas presentes serán igual de frívolos que los de la niñez cuando transcurran algunos años. Convencerles de que la vida es bella si la dejamos transcurrir.

Alguien sabio me dijo una vez:

- Si un problema tiene solución para qué preocuparse y si no la tiene ¿por qué te preocupas?

3 de marzo de 2007

Dos amigos. 2ª parte

Dos semanas estuvo el gato convaleciente de la terrible e ignominiosa castración. Durante la tercera semana se dedicó a sacar fuerzas de flaqueza para atreverse a volver a la calle por temor a las burlas a causa de su humillación. Si antes de aquel desgraciado suceso era bastante pesado, ahora que se pasaba la noche contándoles a los demás todos los detalles de la intervención se convirtió en un sujeto bastante insoportable.

Las gatitas mimosas no lo aguantaban, el único aliciente por el que lo aceptaron en su momento era el aliciente de conseguir unos cachorros con una buena herencia genética y dadas las circunstancias eso era algo que en la actualidad no podía ofrecer.

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Por donde iba era rechazado, ni tan siquiera en la tertulia de los gatos mayores lo acogían. Éstos tenían fama de conmoverse de los gatos desfavorecidos y ser buenos consejeros, pero fueron tantas las chulerías y las fanfarronadas, que no lo deseaban cerca mendigando compasión.
En esos acercamientos a los demás gatos siempre preguntaba por su amigo defenestrado. Desde el día que lo apartó de su lado no lo había vuelto a ver. Algunos decían que se había marchado a otra parte de la ciudad. Otros aseguraban que se había unido a una pandilla de gatos y gatas de un barrio cercano. Echaba de menos al que había sido su fiel compañero y que él expulsó de su vida sin misericordia.
Exhausto de no hallar a ningún gato que lo aceptara, terminó refugiándose en la que hasta aquel momento solo consideraba como el lugar en el que le daban de comer y una ventana soleada para dormitar. En los dos años siguientes permaneció en esa misma ventana mirando a la calle esperando tristemente que el azar le devolviera a ese amigo al que tanto extrañaba. Un buen día lo vio pasar por la puerta de su casa. Salió corriendo se abrazó a él con fuerza. El gato negro al principio no lo reconoció puesto que esa vida totalmente doméstica había hecho engordar sobradamente al siamés. Esté último le rogó que volviera a ser su compañero nocturno, le pidió perdón por su comportamiento y que le dijo esas cosas sin pensar.
Disculpándose, el gato callejero le dijo que no era posible, que aunque no le guardaba rencor tenía su propia vida y que, lamentándolo mucho, tenía mucha prisa en marcharse. A esa hora sacaban a tomar el sol los cachorritos que había engendrado con una gata doméstica de la calle de al lado. Le dijo que ya se verían por ahí, aunque el gato doméstico tenía la certeza de que esa jamás ocurriría.

El gato siamés volvió afligido a su hogar y allí permaneció sin salir hasta que en una mañana de invierno los dueños se lo encontraron muerto. Lo hallaron justamente en esa ventana en la que tanto aguardó al amigo que despreció y quién sabe si en su último aliento de vida aún lo esperaba.

Y es que en cualquier ámbito de nuestras vidas, el rechazo es un arma traicionera. La autoestima ganada a tenor de poseer la capacidad de expulsar de nuestro lado a aquel que no necesitamos, puede tornarse en amargura cuando en los malos momentos no lo tenemos cerca para consolarnos. Permitirnos el desprecio, con el tiempo nos hará comprobar que ya no somos necesitados por cerrar las puertas a cal y canto a los que solo pretendían nuestra amistad, nuestro amor o simplemente nuestro respeto; consiguiendo hacer añicos todo ese amor propio y sentirnos terriblemente solos, muy solos, por no haber concedido dejar, al menos, esas puertas entreabiertas.