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12 de junio de 2007

Una isla perdida en la espalda de Jasconius

Los marineros suelen contar de aquel lugar que aparece majestuoso en el horizonte, quieto, plácido, como si siempre hubiese estado ahí. Desde la lejanía se aprecian dos imponentes montañas. Dos torres que custodian la isla y que parecen alertar de la proximidad de los aventureros que pretenden tomar tierra. En esa decisión los marinos comprueban impotentes como la aproximación a ella es estéril; San Borondón se presenta tan inalcanzable como el propio horizonte. De repente desaparece dejando como único rastro de su existencia la certeza de aquellos que hasta ese momento creían poder merecerla antes de que la isla vuelva a tomarse el privilegio de volver a evaporarse.

Encontrar un mundo perdido en un planeta en el que ya no queda casi nada por descubrir, es quizás uno de los misterios clasificados de “ciencias ocultas” con ciertas posibilidades de hacer ese sueño factible. Lejos del estereotipo legendario de territorio inexplorado en el que habitan animales mitológicos o antidiluvianos de grandes dimensiones y extrema ferocidad, en la actualidad se exploran, y encuentran, lugares en la tierra que por su aislamiento se hallan poblados de especies animales y vegetales, hasta ahora desconocidas, de excepcional interés científico y que aportan alguna que otra respuesta en cuestiones de biología evolutiva. Un ejemplo de esto último es el reciente descubrimiento en Nueva Guinea de docenas de nuevas especies o la espectacularidad de la fauna que habita en las profundidades oceánicas de las que, gracias a la tecnología, es posible su estudio actualmente. Asimismo, el deshielo de los polos a causa del cambio climático ha dado pie, tristemente, al hallazgo de nuevas especies en territorios antes cubiertos por una espesa capa de hielo y que hasta la fecha, dicha barrera ocultaba los secretos biológicos de estas latitudes septentrionales. Son hallazgos reales en mundos perdidos, pero muy alejados del habitual tyranosaurio que corre tras los aventureros exploradores de la prolífica ficción literaria y cinematográfica.

Pero existe un lugar que corre de boca en boca entre los marineros de medio mundo y que muchos aseguran haberlo visto. Una isla misteriosa protagonista en leyendas de monstruos marinos y sirenas que se oculta en el enigmático océano: San Borondón.

Situada entre las islas de La Palma, La Gomera y El Hierro en las Islas Canarias, su nombre proviene de San Brandán, patrón de los marineros. Según los datos históricos, este abad irlandés cumplió labores de evangelización en el Atlántico Norte en el siglo IV d.c. alcanzando incluso llegar a Groenlandia en sus viajes misioneros. Pero el mito cuenta que Brandán de Clonfert “el navegante”, emprendió un viaje épico en busca del Paraíso Terrenal. De este viaje, más próximo a las leyendas homéricas que a una travesía real, se afirma que San Brandán incluso llegó a pisar tierra en Terranova, que de ser cierto, lo convertirían en el primer europeo en llegar a America.
Uno de los lugares en los que hizo escala la expedición de Brandán fue la “isla de las ovejas” posteriormente bautizada como San Borondón y que, como cuenta la leyenda, empezó a moverse al hacer los navegantes fuego en su superficie en lo que descubrieron como una ballena gigante llamada Jasconius, el primer animal que pobló el mar y de ahí el mito de su movilidad.

Los supuestos avistamientos de San Borondón consiguieron que la leyenda de su existencia tomara fuerza entre los siglos XVI y XVIII. Muchas fueron las expediciones llevadas a cabo con el afán de encontrar la isla perdida e incluso llegó a aparecer su ubicación cartografiada en algunos mapas de la época. Esta búsqueda fue infructuosa hasta que en 1865 el naturalista escocés Edward Harvey afirma haber descubierto la isla misteriosa. Entre las pruebas de su hallazgo se hallaban varios daguerrotipos (precursor de la fotografía moderna) y dibujos de la excepcional fauna y flora allí observada, que si bien la autenticidad de estas pruebas es dudosa, no dejan de ser bastante curiosas.

Mito o realidad, San Borondón es una de esas leyendas que gracias a la cultura popular ha conseguido llegar hasta nuestros días como uno de esos misterios que, dejando de lado toda esa mitología fantástica que trae consigo, mantiene vivo el anhelo de paraísos inexplorados y conserva la percepción de nuestros antepasados de un mundo infinito del que jamás se podrán conocer todos sus secretos y en el que siempre haya enigmas que resolver.

Imágenes tomadas de la Wikipedia y de San Borondón: La Isla Descubierta (visita recomendada).

5 comentarios:

susana dijo...

yo viví 4 años en Lanzarote, y aún recuerdo leyendas sobre este tema, como mola, me has traido recuerdos muy curiosos...besitos su

cuatropelos dijo...

Por allí hay mucha gente que cree que existe realmente con total naturalidad. Personalmente pienso que algo raro hay: un espejisto, un fenómeno meteorológico extraño. Algo que a la gente cuando lo vé le parece una isla de lo más real.

kutxi dijo...

En 'Una Breve Historia de Todas las Cosas' contaba Bill Bryson que sabemos muchísimo más sobre la Luna que sobre los océanos terrestres. Y añadía que, para más inri, tampoco sabíamos mucho sobre la Luna.

El hecho es que nos comparamos con aquellos que pensaban que la Tierra era plana y tener muchísimos conocimientos, pero la realidad es que no sabemos de la misa a la mitad.

cuatropelos dijo...

Kutxi, solo tienes que comprobar que por ejemplo las pruebas de la existencia del calamar gigante son muy muy recientes. De hecho creo los plesiosaurios aún existen, pero eso es mucho teorizar X·P

si dijo...

pues considero que este mito puede ser cierto ya que considerando las condiciones de nuestro planeta, solo la 1/3 del planeta son tierra, y hay extensas partes del oceano que llegan al manto de la tierra.
La idea de una criatura criptida o una gran isla que aparece y desaparece no es totalmente descabellada; sin mencionar que los oceanos no son constantemente vigilados