Cruce de caminos
Se cruzan las miradas, os reconocéis, pero es un saludo forzado en un intento por ser corteses. Un simple hola para alguien con el que has compartido una parte de tu vida, para un antiguo compañero de colegio que ahora es un extraño cualquiera.
Discurriendo por la vida vamos dejando a demasiadas personas atrás. Tenemos grandes preocupaciones como para hacer el esfuerzo en acordarnos de los nombres de aquellos a los que probablemente no volvamos a ver jamás. Dos almas que recorriendo una misma travesía y que cayeron en el abismo del olvido en el primer cruce de caminos.
Un encuentro casual que conecta la maquinaria de los recuerdos, sobre todo si se trata de una personalidad pintoresca. En la adultez de las buenas formas y del lenguaje no ofensivo, él hubiese sido un freak homosexual; en una adolescencia carente de mano izquierda y sin presiones lingüísticas, para el resto de los compañeros era el maricón raro.
La equivalente simbiosis entre un aspecto singular y la previsible caída en el derrumbadero de los complejos, lo convirtieron en un adolescente con modos asimismo singulares y, aunque parco en palabras, en los escasos momentos en los que acedía a comunicarse, siempre correcto en el trato, sus respuestas solían tan extravagantes como sus ademanes.
Su presunta homosexualidad era el resultado del obtuso razonamiento púber, si bien era notorio su amaneramiento nunca demostró por su parte interés manifiesto para con el sexo contrario. Simplemente era “maricón” en base a la absoluta e incontestable certeza que otorga la estupidez juvenil.
Año tras año, curso tras curso, el miedo al rechazo lo hizo aún más introvertido. La negación constante a compartirse a los demás temiendo las burlas lo arrojó al rincón de la clase sin que nadie lo echara de menos en la graduación.
Ahora recorre un camino opuesto y se aleja. Conserva su inusual semblante y ese rictus de mirada ausente y leve sonrisa bobalicona. Pero esa mirada ya no está tan perdida como lo estaba él en nuestro mundo de gente corriente; en sus ojos se aprecia la aceptación del ser como soy sin importar lo piensen los demás. Es la mirada de un hombre que sin temor se cruza con su pasado y le dice adiós como lo que es, un perfecto desconocido.