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25 de noviembre de 2008

Miserere

No es cuestión implícita que el respeto a no quitar nuestra propia vida acabe con la firme esperanza de perderla en tanto en cuanto la circunstancia nos obligue a desear nuestra propia muerte. Por ello acordame yo… perdón, es costumbre propia que cuando pienso en tiempos pasados uso un lenguaje anterior. Pues…me acuerdo de un avatar ocurrido en los primeros tiempos. De noble cuna es mi proceder, ya que sería el esbozo “cuatropelil” del vástago de un gentilhombre. De alta alcurnia mis aposentos ya que durmiera yo en el cajón de un escritorio posesión de aquel mozalbete, que, en sus incipientes pinceladas, dibujome, aunque con tres pelos, pero dibujome…vuelvo a hablar en antiguo otra vez.

Gran disgusto llevose el noble progenitor al comprobar la distracción que supuso para el muchacho el dibujarme; un entretenimiento inutil en el desempeño del obligado aprendizaje de la gramática. Si bien le agradezco que no quebrara aquella hoja de papel cuan árbol abatido por el viento, dado que, produciéndole cierto gracejo el muñecajo, y ya que el daño estaba hecho, conservárame en dicho legajo para borrón y secado de sus insignes plumas. Allí acomodado me hallaba entre lo que en el futuro serían valiosos pergaminos, legado de un tiempo pasado, cuando un mal día aquejome de un pavoroso dolor abdominal. Falsa creencia es la de pensar que un personaje dibujado en un papel ni siente ni padece. Si es sumamente aburrido estar confinado en un cajón a perpetuidad, imagínense lo que supone permanecer enfermo y encerrado en tal insigne prisión con la certeza que será hasta el fin de los tiempos. Lamentárame de haber sido creado, deseara un incendio, un infante al abrigo de un extravío que me desgarrara en mil pedazos. Aquél dolor imperturbable ocasionaba que mi imaginaria vida fuere una insoportable maldición, ya que el arte al igual que un vampiro, aunque malo, es inmortal. Mala cosa ser un borrón olvidado en épocas quijotescas.



Pasáranme los años sin alivio hasta que un bendito historiador encontrárame oculto bajo un montón de documentos de pingüe valor para la memoria. La humanidad evoluciona sin percibir los cambios; mientras vivimos tenemos la falsa percepción de que todo siempre sigue igual. No nos damos cuenta que las pequeñas e inadvertidas variaciones que vamos causando son las grandes diferencias entre los siglos pasados y futuros de nuestra historia. De ese modo mis compañeros de celda y yo éramos la evocación de los modos y costumbres de un momento olvidado; las pruebas incriminatorias de lo que somos y de dónde venimos para bien o para mal. Un atisbo de luz se cernió sobre este humilde y desdibujado servidor.

- Si, con total certeza…a ver, si. Claramente su merced padece “El Dolor del Miserere”. Lamentome, pero va a morir señor figurilla de tres pelos…-Vana era la sentencia de aquella ilustración de médico en un libro antidiluviano de anatomía -.

Aquel dolor del miserere, más conocido como apendicitis, hasta entonces, y muy a pesar mío, no podía matarme; pero los males son menos males en el paraíso. Tras siglos encerrado y pese a que el dolor permanecía, aquel lugar repleto de pergaminos y grabados era un gran parque de atracciones en el que el pasado y el presente se fundían para conformar la historia. Un lugar en el que descubrir que podía ser el monigote que cualquier otro niño hubiese dibujado con la misma facilidad con la que pierdo el acento medieval.





Una vez un señor me robo y me metió en un lugar en el que podía ver todo lo que quisiera y a su vez ser visto. Podía contemplar el pasado y las imperceptibles variaciones que cambian el futuro. Me arrancó de la hoja en la que jugaban un niño y su abuelo como el que arranca los secretos de unos papeles olvidados y doloridos en un vetusto escritorio para abandonarme en otro, pero esta vez con un fondo de cajón infinito.

Rehecho con goma de borrar y pincel gané un pelo y …aquel dolor había desaparecido.


Epílogo.

De bien nacidos es característica singular ser vehementemente agradecido. Si bien no perdonara justificadamente el haberme dibujado sin pene…ojo.

5 comentarios:

Susana dijo...

jejeje q privilegio de mente la tuya xd jajajjaaj la de palabras para un epilogo tan cortito jajajaja, en fin, q he disfrutao leyendote xd, besitos

Mixha dijo...

muy divertido jaja
me encantó me gusta leerte cuatropelos es una buena historia, sobre todo ese final, besos

Ramóncito Ruipérez dijo...

La verdad es que estás muy bien para tener algo así como 400 años.

Saludos. :D

Mond dijo...

¡Que habilidad! El manejo del lenguaje es delicioso (en los 5 posts que llevaba de retraso) y el contenido sublime. Un placer señor de los cuatro pelos.

cuatropelos dijo...

Hombre, es que cuatropelos en realidad es el monigote universal, de ahí su origen. De hecho si miramos más atrás, en alguna que otra pintura rupestre hay cuatropelos, si pelos, pero ahí están X·D

Saludos.