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12 de enero de 2007

Historias del grano de arena. # 8. La propuesta Lienchtens…¿berg?

Resulta interesante que la gente tenga inquietudes. Mentes en constante meditación que simplemente pretenden ofrecernos algo nuevo; y no me refiero a la recurrente idea tan típicamente española de colocarle un palo a algo que ya está inventado (véase la fregona y el chupa-chups), sino a un nuevo concepto o un maravilloso ingenio. Algo que mejore nuestra angustiada vida y nos aporte algo que en este estresante siglo tanto ansiamos, un poco más de tiempo que poder compartir con los nuestros y porque no decirlo dedicarnos más periodos de asueto para el disfrute personal.

La tesitura de ser el primero en atender a la idea que nos iba a solucionar este problema a todos puede llegar a ser, como decirlo, desalentadora.

Pasear en una jornada soleada de invierno es una experiencia muy aconsejable. Hay días que el sol calienta lo suficiente como para reducir el frío considerablemente, pero no tanto como para llegar a acalorarnos. De ese modo, un fantástico domingo de noviembre, deambulando e intentando pasar un rato agradable, me encontré con un amigo que estaba tomando un refresco en la terraza de un bar. Me quedé parado delante suya mientras él parecía muy atareado escribiendo unos números y unas anotaciones en una servilleta de papel. Al cabo de un momento y tras darme cuenta de su profunda abstracción, si no le decía nada nunca repararía en mí presencia, le dije bruscamente con pretensión de darle un pequeño susto:

- ¡Buenos Días!

Tras el lógico sobresalto, se me quedó un rato mirandome fijamente sin decir nada y con cara de sorpresa, cuando de repente contesta:

- ¡Eureka!
- ¿Cómo que eureka?, así es como se dan ahora los buenos días.

Volvió a quedarse pensando un momento hasta que volvió a hablar:

- No…eureka es porque acabo de desarrollar una propuesta que va a cambiar al mundo.
- ¡No fastidies! ¿Y cómo es eso?, le pregunté desconcertado.
- Pues eso, es que acabo de inventar una propuesta, la propuesta Lienchtensberg.
- ¿Lienchten… qué?
- Lienchten…berg, Lienchtenberg, si así es, me contestó con determinación.
- ¿Y quién es ese señor?
- No, no es nadie. Es inventado. Lo que ocurre es que propuesta Linchtenberg suena mejor que propuesta Rodríguez, me dijo con gesto resolutivo.
- Pues también es verdad, me mostré de acuerdo con él para seguirle la corriente.
- ¿Y en qué consiste?, he de reconocer que había despertado mí interés.
- Mira, te explico. Tú sabes que el día tradicionalmente se divide en tres bloques de ocho horas. Ocho horas de trabajo, ocho de ocio y ocho de sueño, con independencia de cómo los distribuya cada cual. Pues he desarrollado una propuesta para aumentar el tiempo. Veinticuatro horas me parecen insuficientes y necesitamos subdividir el día aún más, y las ocho horas de cada bloque se subdividen realmente mal…no lo neguemos.

Yo atendía con avidez.

- Pues mí idea consiste en que los días duren veintisiete horas.
- ¿Veintisiete horas?, le pregunté con los ojos como platos.
- Si, veintisiete. Mira, veintisiete horas se dividen fácilmente en tres bloques de nueve horas y además, nueve horas se dividen en tres bloques de tres. Es fantástico, se puede distribuir la jornada con más facilidad y disfrutar de más tiempo. Piensa en ello.

Me quedé un rato pensando sin saber que decirle, seguramente llevaba toda la mañana trabajando en tal insensatez, así que no quise ser demasiado brusco y acometí con delicadeza.


- No se, no se…no lo veo, creo que tu teoría está cogida un poco…con alfileres. ¿No has pensado en los relojes? Sobre todo los de esfera. Habría que tirarlos todos, además, ¿no quedaría un poco raro un reloj con trece horas y media?... ¿La medianoche y el mediodía sería a las trece treinta?

- La verdad que no había reparado en ese detalle…pero no pasa nada, se pueden reajustar los segundos en cada minuto hasta conseguir trece horas y media englobadas en doce, me dijo pensado mientras miraba al infinito e hizo ademán de ponerse a calcular.

Le quise interrumpir: - pero entonces el ajuste pierde todo el senti…me callé.

- No mira, la cuenta es sencilla, me dijo cavilando.
- Pero…escucha. ¿Tu no te has parado ha pensar en el movimiento de rotación de la tierra?
- ¿Cómo? Repíteme eso de lo de la rotación que no te he entendido bien.
- Pues mira, hice una pausa pensando como se lo iba a decir. Pues es que el día dura veinticuatro horas porque es lo que tarda este planeta en dar una vuelta sobre sí mismo. Eso sin contar lo que debe durar un año.
- Vamos a ver, ¿Qué quieres decirme que lo de las veinticuatro horas no esta puesto por poner?, preguntó incrédulo.
- Lamentándolo mucho tengo que responder que no está puesto por placer, le dije con cara de pena.
- Ufff, vaya palo me has dado, con lo contento que estaba por la idea.

Empecé a explicarle lo extraño que sería que al cabo de una semana tuviéramos que almorzar a las nueve de la noche y cenar a las cuatro de la madrugada. Que todos los días tendríamos que hacer nuestras tareas cotidianas a horas distintas, que podríamos pegarnos un madrugón por levantarnos a las siete de la tarde Todo ello a causa de que el tiempo, amaneceres y ocasos junto con demás “pequeñeces” seguirían abarcando veinticuatro horas diarias, eso sin contar lo singular de una navidad en mayo o un verano en octubre.

- ¿Estas seguro que eso no se puede modificar?¿Qué dicen los científicos al respecto?, dijo abatido.
- Lo siento, pero no, creo que eso no se puede cambiar. ¿Te imaginas convertirte en mayor de edad a los veintitantos?, ¿aparentar setenta años con solo cincuenta y poco por culpa de tu calendario?
- Creo que tienes razón, pensaba que era una buena ocurrencia, recapacitó con tristeza y permaneció en silencio un buen rato.

Su cara de desilusión era tan afligida como la de un niño al que le acaban de revelar que los Reyes Magos no existen. Me sentía culpable por destrozar su ilusión. Él pensaba que había descubierto el viejo sueño de la alquimia de convertir el plomo en oro y yo había venido solo para desbaratar su invención.

- ¿Sabes lo que te digo?, rompió el silencio. Que le den morcilla a Lienchtenberg.
- Eso, eso, que se fastidie, le dije con intención de alentarlo.
- ¡Tío!, ¿y porqué no secamos el Mediterráneo?...
- ¡Vamos hombre!, por Dios.

7 comentarios:

Norma dijo...

Dios mío, tener una pareja así ha de ser horrible!!!!!!

Cari, y si ponemos el fregadero encima de la bañera para aprovechar el agua????????

Churri, y si conecto un cable a la cama mientras hacemos uso del matrimonio para aprovechar la energía cinética?

Ouch!!

SOMEZING dijo...

pobrecito, jejeje. Hay que entenderlo. El sol habia hecho estragos pero mira, ¿sabes qué pienso? que es bueno tener ideas, aunque sean inoperables, porque así se hace trabajar al cerebro. Mejor eso que un cerebro amuermado, ¿no?

cuatropelos dijo...

Norma, los hay así... y peores X·D

somezing, yo intento inventar algo que me haga rico, quien sabe a lo mejor un día me sale algo útil y de camino ejercito el "coco" como Amparo Baró X·D

Mond dijo...

Estoy de acuerdo con Somezing, mientras se use... ahora, de que te ha salido a tí un cuento bizarro en tus ratos de ocio que ni qué, pero de esos todos tenemos y no todos nos atrevemos a publicarlos... aún.

cuatropelos dijo...

mond, he de reconocer que a veces con los amigos cuando en ocasiones estamos aburridos y vienen los silencios, siempre salta alguno y suelta una chorrada de esas características y la debatimos en plan broma. Una vez estuvimos un montón de tiempo debatiendo la posibilidad de existencia de vida fuera de España, incluso con planteamientos lógicos y todo X·D...tonterías para divertirse.

susana dijo...

ayyyyyyyy yo quiero q inventen algo para que no duela tanto la jodida regla!!! mierda me duelen hasta las pestañasssssssssss
jajja y después del desahogo (lo siento) pero es que estoy pelín irascible...se nota? oye al coco hay q darle vidilla, sino se amuerma... fijate que hay algunos jajaja q van zombies y no son capaces de articular más de dos palabras seguidas...y si les preguntas algo , te sueltan un emmm...besitos (más relajados) su

cuatropelos dijo...

Pues susana, según las creencias populares que conozco, dicen que la ginebra va muy bien para la menstruación (es en serio)...lo que no sé es si es porque alivia el dolor, o es por el "ciego" y no te enteras X·P