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23 de febrero de 2007

La cárcel de la rutina

El motivo de las ausencias es sencillo, he estado encarcelado. De hecho sigo encarcelado y esto no es más que un “vis a vis”. Los guardias de esta cárcel de la rutina no me permiten hacer visitas, ni siquiera me dejan atender a los que me visitan.

Aquí son encerrados todos aquellos que han cometido el delito de tomar responsabilidades. Y aunque no tenemos derecho a quejarnos, y en el fondo tampoco queremos, estamos avocados a ser presos de nuestras elecciones. A veces nos gustaría poder disfrutar de un patio en el que estirar las piernas y mirar al exterior, pero en la cárcel de la rutina no hay patio, solo hay rejas y paredes de hormigón.

A riesgo de ser pillado, a veces me escapo por un agujero tras el espejo de mi celda. En esos escasos momentos encuentro furtivo la libertad de al menos librarme unos instantes de la atenazante asfixia de una mordaza invisible que, únicamente cede, cuando huyo agazapado entre las sombras mientras los carceleros no miran.

Así oculto, miro el mundo por una pequeña ventana de un pasillo recóndito. Desde esta ventana puedo observar en silencio a la gente. Caminan de un lado otro conversando libremente unos con otros, hablan, comentan, opinan y no puedo gritarles desde esa ventana por temor a ser atrapado y aumentada mi condena. Cuando noto que un guardia está cerca debo cerrar la ventana y volver raudo a mi celda, en la que continúo con mis labores de preso.

Hubo un tiempo que en esta prisión era más sencillo huir de la cotidianidad y dar un simple paseo. Antes las rejas eran de alambre y apenas había guardias. Antes era fácil esconderse en un rincón y desde estas frágiles rejas hablar con personas y ser escuchado, pero cada vez construyen más muros y los barrotes son de acero. Ahora nos ponen grilletes en pies y manos que nos impiden movernos libremente.

Espero que dentro de un tiempo pueda disfrutar de un tercer grado que me permita visitar y disfrutar de ser visitado; es angustioso no poder contestar las cartas, es angustioso estar incomunicado. Mientras tanto me consuelo observando desde mi pequeña ventana y mirar aunque no pueda ser visto. Aunque no es mucho, aún es peor vivir a oscuras a perpetuidad.

El carcelero se acerca, creo que mi tiempo ha terminado. Lo lamento, pero he de dejarles…

6 comentarios:

Ruben dijo...

toc .. toc ... toc ... soy yo ... el de la celda de al lado !!!

Manten la esperanza e inflama la voluntad ... ya saldremos !!!

flatt dijo...

ánimo cuatropelos, por buena conducta te concederán un tercer grado. Mira que es complicado esto de las responsabilidades, eh? Por un lado te indican que has crecido y eres capaz de hacer muchas cosas por tí mismo sin depender de los otros, y por el otro lado te exigen tiempo y más tiempo

Norma dijo...

Hola recluso!!!

¿Dónde está tu cárcel? Vaya, que dónde vives? Quieres venir a una reunión de bloggers el fin de semana que viene, es una buena arma contra la rutina ;)

Susana dijo...

ya iba a darte un alegato a cambiar la perspectiva para mirar la rutina, pero creo que yo tb he sido presa de ella en algunos momentos, así que de sabios es callar...no te preocupes, es difícil olvidar esos pelos de loco...besos su

Susana dijo...

vine a decirle felizzzzzz lunesssssss al presidiario jaaj besitos malos pelos, su

Anónimo dijo...

Tranki, estando en la misma carcel, estoy en condiciones de decirte, que las escapaditas por el agujerito del espejo efectivamente son muy cortas, pero saben fenomenal, no desperdicies ninguna, y cuando estes fuera no mires atras...., de todas formas estas atrapado...BENDITA IGNORANCIA!!!!